martes, 13 de octubre de 2009

victimas de la moda

Hace unos cuantos días leyendo el VOGUE me he dado cuenta de algo terrible: hay un complot urdido por mentes perversas que, reunidas en un lugar secreto, deciden lo que se denomina “tendencias de moda”.

¿Quiénes son sus componentes? ¿Cómo lo hacen? Me imagino, por ejemplo, que llega Paco Rabanne y dice: “Veo, veo que este año se va a llevar el azul petróleo”. Saltan a dúo Domenico Dolce y Stefano Gabbanna: “Eso, eso. Y también los suéteres sin mangas, pero de cuello alto. ¡Qué se jodan!

¡Bravo! Pues date por jodida, la moda no es una industria; es una secta dirigida por mentes perversas que deciden cómo nos vamos a vestir: Nos hacen ir con estos pantalones que se abrochan en la rabadilla y nos hacen creer que vamos bien. (Puede que sea para que luzcamos, por milimetros, esas ridículas tangas que tanto molestan); con esos otros pantalones de pierna larga que van limpiando las aceras de las calles.

¿Saben qué son las fashion victims? Pues esas personas que han caído en las redes de la secta de la Moda, y ya no se pueden escapar. Ésas que, cuando se acercan a un escaparate, oyen voces en su interior y escuchan: “El poder de la moda te obliga”, “el poder de Dior te gobierna”.

Realmente, me di cuenta del poder que tiene esta secta cuando intenté comprarme un vestido rojo. Parece fácil, ¿verdad? Un vestido rojo. Pues no, las tiendas están en el “negocio” y son las representantes de Dior en la tierra. La escena se desarrolló del siguiente modo:

Entro en la boutique y le digo a una dependienta:

- “Perdona, busco un vestido rojo y no encuentro ninguno”. Ésta responde, entre ofendida y extrañada: “¿Un vestido rojo? Este año no ha entrado nada de ese color; lo que se lleva es el azul-petróleo”.

- ¿Y eso rojo de ahí?

- Eso es la funda del extintor, pero si quieres te la muestro.

Pienso: ¡así es como empiezan las sectas: anulando tu voluntad! Pero de repente me sorprendo diciendo:

- “Muy bien, muestrame uno azul-petróleo de la talla 7”.

La dependienta me mira como se mira un Beetle desde una Hummer H3:

- ¿9? Pero si tú estarás entre la talla 11 ó 13.

La miré fijamente como diciendo: “Y tu estarás entre idiota y enferma del trasero” Pero le dije:

- Disculpa, pero yo, soy talla 7

- No, si ya. Pero es que este año viene la 7 muy chica, ¿sabes?

Pensé: ése es el segundo paso de la estrategia de la secta. Disminuir tu autoestima para poder dominarte mejor. Intenté imponerme y asertivamente me dije: Andrea, ¡pruébate la 7 aunque te la tengas que poner con vaselina y calzador!

- Por favor, “muéstrame una talla 7”

- Si quiere, aquí la tiene.

Cuando me miré al espejo sólo vi un acordeon y otro acordeon… Eso sí, de color azul petróleo. Y digo yo: si en todo el mundo un metro es un metro y un kilo es un kilo, ¿por que la talla 7 no es siempre la talla 7? Si vas al milano, la talla 7 se la puede poner la bodokito (o cualquier persona gorda que conozcas) ; sin embargo, en Versace, la 7 no se la pone ni Anahi. Al final, hice lo que hacemos todas: llevármelo. Sí, porque pensé lo que pensamos todas: “Así me obligo a adelgazar”. “Me obligo a adelgazar”. Pero, ¿seremos idiotas? A las dos semanas a lo que estamos obligadas es a regalar el traje a nuestra sobrina pequeña. Vaya, es igual que comprarse unos zapatos del 20 esperando que el pie se encoja.

Ése es otro de los síntomas de que estás entrando en la secta: someterte voluntariamente al sufrimiento físico. Aunque, a veces, cuando todavía no estás abducida del todo, consigues tener un momento de lucidez y decir: “No, no me lo llevo”. Y, entonces, esa enviada del mal que es la dependienta te dice la frase definitiva:

- Llévatelo, no seas tonta, ¡lo puedes devolver! Y lo compramos porque como “lo puedes devolver”...

Vaya es como comerte un trozo de mármol a porque “como lo puedes devolver”. Al final, llegué a casa con mi vestido azul petróleo talla 7. Me lo puse y le pregunté ilusionada a mi marido:

- ¿Como me queda?

- Pequeño.

- ¿Si? ¿se nota mucho?

- Te va a hacer llagas.

¡Ahí, me dije! “andra, modérate. Ésta es otra prueba. La secta de la moda quiere que rompas lazos con tu entorno”. ¡No, no van a poder conmigo!, pensé. Así que me tiré a la calle y no paré hasta que encontré el único vestido rojo que quedaba en toda la ciudad. Cuando lo encontré, dije “¡Me lo compro! ¡Ja! Salí de la tienda triunfante y con mi vestido rojo. Pero la alegría me duró dos aparadores. Es algo que nos pasa a todas las mujeres: ¿y qué hago yo con un vestido rojo, si este año lo que se lleva es el azul petróleo?” Bueno, que no pude pegar ojo en toda la noche. Tuve pesadillas y todo… Soñé que estaba en una misa negra, me tenían atada de pies y manos y que los grandes gurús de la moda me rodeaban como en Poltergeist. Escuchaba voces: “Andreaaaaaa, veeeeen hacia el glamouuuuur”. Desperté empapada en sudor. “¡Ok, está bien! ¡Me rindo!”. Decidí untarme toda entera de vaselina para que me entrara el vestido y me presenté en la boda de mi amiga Liz vestida de azul petróleo. Cuando llegué a la iglesia me encontré con que íbamos todas iguales... Allí había más azul petróleo que en una playa del golfo Pérsico.

Ahí te das cuenta de que te han captado, que has entrado en la secta y que, a partir de ese momento, honrarás a Dolce y Gabbana, no nombrarás a Chanel en vano y amarás a Dior sobre todas las cosas.

Yo que había tardado bastante tiempo en diferenciar algunos colores y comprender que las cosas pueden ser de color rosa buganbilia, blanco azul, azul plomo y gris día, ahora me enfrento al color azul petróleo. ¡Yo que pensaba que el petróleo debía ser negro como la conciencia de un político mexicano, ahora parece que no es así! Quizás alguien pueda darme alguna orientación para definir el color “azul petróleo”.

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